lunes, 6 de febrero de 2012

Actitud – Cerrar los Temas Pendientes

Cuando uno se propone mantenerse al día con sus asuntos, la actitud de dejar cerrados los temas pendientes juega un rol de privilegio dentro de nuestro arsenal. 


El principal beneficio de ésta postura mental es la de motorizar la acción hacia un estado de ejecución tal que nos permite liberar constantemente tiempo para ocuparnos tanto de nuestras verdaderas prioridades como de los nuevos temas que surgen a diario con la tranquilidad de no arrastrar cosas que debiendo estar hechas, al no estarlo se sumen innecesariamente a nuestra carga de trabajo en un momento inoportuno.


¿Hábito o Actitud?


Para ser honesto, no sabía si convenía ubicar éste artículo en la categoría de Hábitos o la de Actitud. Porque tiene un poco de ambas. Pero luego de un rato de meditarlo, decidí que tenía más sentido en el área actitudinal en la medida que es un elemento motivador más que una costumbre. Sin pretender ser extremadamente riguroso, permítanme tomar ésta decisión al respecto, y comentarles porqué considero a éste un ingrediente importante si uno quiere tomar el control de su tiempo.


Cuando nuestra vida laboral y personal alcanza cierto nivel de actividad, la cantidad de temas y proyectos que caen bajo nuestra responsabilidad sube de una manera tan intensa que muchas veces la gente puede sentirse verdaderamente agobiada. No es poco común ver que se terminan rechazando más responsabilidades o peor aún deseos y objetivos propios por no poder dar abasto con una realidad que puede aturdir.

En mi caso particular, siempre me gustó tener mis cosas al día. Pero inevitablemente el caos cotidiano entra por la ventana y uno termina encontrándose con que los temas que siempre tuvo en orden empiezan a quedar postergados.

Esto ocurre porque uno tiene prioridades. No se le puede dar  la misma importancia a todo lo que nos llega o emprendemos, y sencillamente debemos elegir. En el mejor de los casos algo quedará postergado para hacerse algún día. En el peor, nunca…

Por supuesto, el asunto no viene sino con sus complejidades. Muchas de las cosas que postergo pueden tener algún interés para mí, y no poder hacerlas me genera frustración y en última instancia stress. De igual manera, puede tratarse de cosas que no me interesan pero no tengo más remedio que hacer, y cuya postergación las convierte en un incordio persistente porque serán fuente de reclamos con gente a quien me interesa cumplirle. Si me las pudiera sacar rápido de encima podría olvidarme del asunto, y volver a lo mío.

La actitud de cerrar temas pendientes siempre fue clave para mí. Como decía, no me gusta dejar cosas sin terminar pero también tengo que reconocer que muchas cosas que me propuse hacer o que me pidieron carecían de sentido en relación a mis metas, y a veces el paso del tiempo sin lograr cerrarlo me hacía replantear la verdadera importancia de su ejecución.

Por un lado cerrar un tema pendiente tiene un efecto emocional muy positivo. Da satisfacción personal el haber terminado algo. Ese bálsamo es necesario para nuestro espíritu.

Desde otro punto de vista, el de nuestro sistema de organización, tiene un efecto profundamente “liberador”.

Primero porque deja disponible nuestra energía para poder dedicarla a otras cosas, idealmente nuestras prioridades.

Segundo porque nuestro más preciado bien, “el tiempo” también se liberará para hacer esas otras cosas.


Intenta No Postergar

Cada vez que dejamos un tema postergado, dejamos abierta la puerta para que se convierta en una carga más de trabajo a considerar en un momento en el que tengamos cosas más relevantes que hacer. Y nuestro stress se habrá ido a las nubes con el agravante de saber que uno podría haberlo evitado

La regla de los dos minutos del método GTD es un gran criterio en éste sentido. Nos permite sacarnos rápido de encima todas aquellas cosas que de otro modo nos molestarían luego. Y si uno aplica el Principio de Pareto, el mayor porcentaje de cosas que nos molestarían innecesariamente en nuestro futuro deberían ser aquellas que  ocupan menos de dos minutos en ser liquidadas. El criterio es impecable.

Hay cosas que no obstante no pueden ser realizadas en menos de dos minutos, pero igualmente requieren que uno se las saque de encima rápido, porque molestan. Ya sea porque no son prioritarias, o debido a su naturaleza sencilla, dejar que nuestra mente tenga que lidiar con hacerlas demasiado tiempo sólo produce distracción y afecta nuestra capacidad de hacer aquellas tareas que sí nos importan.

Hay una enorme cantidad de asuntos que entran en ésta categoría. Desde tener que hacernos el chequeo general del año, hasta ordenar esa estantería que ha estado olvidada por años. Son cosas que a veces tienen una importancia relativamente baja, pero que surgen una y otra vez porque uno sabe que tiene que hacerlas alguna vez. Esos asuntos pendientes, conviene eliminarlos. Liquidarlos. Borrarlos de nuestra mente de una vez para poder dedicarnos con fuerzas a lo nuestro.


En Resumen

En la medida que uno adquiere más control de su tiempo y que sabe cómo manejar las urgencias sin perder el rumbo de sus intereses, ir cerrando los pendientes es la mejor forma de liberar tiempo y energía para que esas tareas no nos molesten cuándo tengamos nuevas urgencias o sencillamente para poder dedicar el esfuerzo y los recursos a nuestras más preciadas metas y actividades.

Enlaces Relacionados

La Actitud