jueves, 16 de mayo de 2013

Que el celular no se vuelva un grillete

A pesar que el teléfono celular es una de las herramientas de productividad fundamentales de los tiempos modernos y que nos ofrece la libertad de comunicarnos en cualquier momento y en cualquier lugar paradójicamente puede convertirse en un grillete del cual es muy difícil soltarse.



La tecnología es una de las armas más poderosas del ser humano. Y no sólo por la tecnología en sí misma, sino por nuestra habilidad para adaptarla y evolucionarla según las necesidades que tengamos. Nuestra capacidad en éste sentido no conoce límites.

El teléfono celular es uno de los avances más revolucionarios de la era moderna. Conceptualmente su impacto en nuestra vida cotidiana es incluso superior al de Internet, a pesar de lo que muchos pudieran suponer. Cambió completamente el paradigma por el cual para comunicarme con una persona ésta debía encontrarse físicamente en determinado lugar. Al igual que el automóvil, ofreció a las personas uno de sus más preciados bienes: la libertad. También ofreció a quienes lo usan el siempre útil atributo de la "flexibilidad". Ahora se es capaz de  actuar desde muchos más lugares.

¿Por qué la gente prefiere usar su automóvil en vez del transporte público? Sencillo. Por la independencia que esto genera. Puedo ir donde quiera, cuando quiera. Cualquier cosa que ofrezca libertad es rápidamente adoptada en el mercado.

De igual manera ocurrió con el teléfono móvil. Después de décadas de tener asignado un número telefónico a nuestra casa u oficina, el escenario cambió de un "me comunico a" al de “me comunico con”. Las comunicaciones pasaron a ser más personales y efectivas en su concreción.

¿Por qué más efectivas en su concreción? Una de las desventajas del teléfono fijo, es que cuando llamo a un determinado lugar para hablar con alguien existe una probabilidad alta de ser atendido por otra persona, razón por la cual mi comunicación puede ser entre otras cosas demorada, impedida, postergada, etc.
Pero cuando alcanzo el número de teléfono personal de un individuo, sé positivamente que mi mensaje apunta directo a quien busco. Puede no estar disponible, en cuyo caso le dejaré un mensaje a su casilla de correo “personal”.

Las ventajas de las comunicaciones móviles entonces nos quedan claras. Por supuesto, también tiene su contraparte o costo si se prefiere. Pasamos a tener un punto de enganche con el mundo exterior en forma permanente. El teléfono móvil está siempre con nosotros. Nos pueden encontrar en cualquier tipo de situación, en todo momento y en cualquier lugar.

Cada uno mira sus propios intereses. Es nuestra responsabilidad establecer el marco de uso del teléfono celular para que no se convierta en un grillete. Para que se convierta en una herramienta de productividad más que de distracción. Si no queremos ser interrumpidos, es recomendable apagarlo, o al menos silenciarlo.

Por supuesto, una vez que recibimos un mensaje, lo importante es no dejarlo colgado eternamente. Debe haber una realimentación a quien nos lo envió, para que sepa que lo recibimos. No es siempre necesario tener la respuesta que nos piden. La mayoría de las veces alcanza con notificar que ya estamos al tanto del pedido y que le responderemos.

Los mensajes cortos de texto (SMS) son un excelente auxiliar. E incluso reemplazan a la casilla de voz. Tengo un amigo que incluso tiene como locución: “NO ME DEJE MENSAJE DE VOZ. ENVIEME SMS o EMAIL”. Un poco radical, pero parece efectivo.

La aparición de los smartphones, empezando con el Blackberry, provocaron que recibamos email constantemente en nuestro celular. Es muy bueno para muchas cosas, pero tiene una contra indicación que debe ser considerada. La gente se acostumbra a que respondamos casi inmediatamente. Y luego, hasta uno percibe su frustración cuando por algún motivo no podemos hacerlo.

A esto agreguémosle las múltiples redes sociales y sus notificaciones. Como comentara oportunamente, en mi caso terminaron todas apagadas.



Sencillamente mantenerse en contacto con todo el mundo todo el tiempo es una presión que se puede volver insostenible. Las políticas de gestión de esto son responsabilidad exclusivamente nuestra.

Si el mensaje, provenga de donde provenga, requiere acción inmediata entonces es una ventaja disponer de la herramienta. Si perdemos la capacidad de decidir cuándo debemos actuar y cuando no, entonces se convierte en un grillete y seremos esclavos de la tecnología y el mundo.

Como en la vida real, a veces hay que saber decir “no”. Y además saber cómo decirlo. Pero no podemos echarle la culpa al dispositivo. Somos nosotros los dueños de la llave maestra. Somos nosotros quienes debemos marcar los límites. Somos nosotros los que eventualmente quitamos la batería…



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