jueves, 26 de junio de 2014

No Pierdas Nunca la Calma

¿Se descalabró tu organización personal? ¿Nada sale como lo planeaste? ¿Te cambiaron violentamente las circunstancias? 

Por las dudas, NUNCA PIERDAS LA CALMA…




Si bien el concepto de mantener el control sobre uno mismo no parece un tema de organización y productividad personal, es de esas “habilidades” que tienen un profundo impacto en tu eficacia. Es tanto un hábito como una actitud.

En esencia, perder la calma significa perder el control sobre uno mismo. Y eso es algo que ninguna persona productiva y eficaz hace.

Si pierdes el control, pierdes de vista la perspectiva de la realidad que te rodea. La fuerza de tus emociones se impondrá sobre tu razón, y actuarás de manera impulsiva. En algunos casos, tal vez peor, ni siquiera actuarás.

Ambas opciones son nefastas. La emoción juega un rol importante en nuestra actitud. Pero fuera de control es como una fuente de energía desbocada que puede hacer volar en pedazos todo a tu alrededor.

Lo más grave es que es precisamente en los momentos más difíciles en los cuales necesitas tomar las mejores decisiones. Y perder la perspectiva en esos momentos es como un auto-sabotaje. Por una falta de temperamento terminarás por no lograr tus objetivos.



Los momentos límite son como los llamados “momentos de la verdad”. Son esos instantes donde se definen tus éxitos o tus fracasos. Imagina que en el preciso segundo en el que estás por patear un penal dejas de observar la pelota. Puede que aciertes el tiro, pero aumenta enormemente la posibilidad de que la tires afuera del arco. Por pura desorientación.

Como bien decía Epícteto:

“No podemos elegir nuestras circunstancias, pero siempre podemos elegir la forma en que respondemos ante ellas”.


Mantener la calma es de hecho la forma en que te conviene responder siempre ante las circunstancias. Especialmente cuando éstas son las más difíciles. Siempre te dará una ventaja extra mantener la mente fresca y te permitirá observar detalles que jamás verías en un estado emocional descontrolado. Luego las decisiones sencillas serán obvias, y las difíciles sólo dependerán… de tu estómago.

Eso que suele llamarse “tener estómago” es un reflejo de una realidad del comportamiento humano. Una buena toma de decisión no sólo requiere buena calidad de información, sino que también requiere una dosis de emoción. Decidir no es un proceso exclusivamente matemático. Pero si decidimos con información incorrecta casi seguramente decidiremos mal. Y cuando perdemos la calma, casi seguro que la información que recibimos (la verdadera información, no sólo los datos) tenderá a ser poca, de mala calidad y peor aún, mal evaluada.

Un detalle. Lo que tampoco debe ocurrir es que por mantener la calma y pensar demasiado no actúes. Es un equilibrio delicado, pero necesario y aún más: “imprescindible”. En algún punto debes decidir si tienes una comprensión adecuada de la realidad. A partir de ese momento sólo resta actuar.

Nadie dice que mantener la mente fría en circunstancias difíciles sea cosa sencilla. Pero eso permite que las emociones no nublen tu pensamiento. Y entender de la manera más cabal las condiciones imperantes sólo puede lograrse cuando se tiene un buen control de las propias emociones.


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