jueves, 13 de septiembre de 2012

Sin prisa y sin pausa


El ritmo de trabajo es otra de esas facetas de la productividad personal a la que no se le dedica mucha literatura. Encontrar la intensidad correcta de actividad también es un arte, aunque haciendo memoria hay tradiciones antiguas y bien conocidas al respecto.



Hace muchos años, tal vez demasiados, mis padres decidieron hacer una reforma en la cocina de nuestro departamento. Había que instalar una cantidad importante de azulejos para cubrir completamente las paredes, extendiendo los revestimientos existentes. No era un trabajo complicado por definición, pero para nosotros significaba unos cuantos días de cocina inutilizada.

Me quedó grabada la sorpresa de mi madre por la velocidad con la que el joven albañil que contrataron realizó el trabajo. Pero su observación no era la rapidez con la que éste trabajaba sino su ritmo. Le recordaba una frase antigua que le repetía una y otra vez mi abuelo cuando era chica.

“Sin prisa y sin pausa”

El trabajo de esta persona, además de estar bien hecho y resistir el paso de más de 30 años (sin un azulejo caído en todo este tiempo), se hizo en un tiempo razonablemente corto. Arrancaba temprano en la mañana, se tomaba breves descansos, almorzaba  y no demasiado tarde terminaba. Pero cada vez que nos acercábamos a la cocina veíamos progresos. Y en pocos días el trabajo quedó completado.

¿Cuáles fueron las ventajas para él de trabajar de esta forma?

En primer lugar diría que mantuvo un ritmo de trabajo adecuado para su cuerpo. Luego, terminó en pocos días con lo cual se liberó para tomar otro trabajo. Tampoco hubo que llamarlo nunca para arreglar algo que hubiera quedado mal.
¿Las ventajas para nosotros? Pudimos volver a nuestra vida normal en pocos días, y además nunca tuvimos que reinvertir dinero en ese trabajo. Se hizo una sola vez. Y se hizo bien a la primera.

Creo que de a poco se darán cuenta hacia donde apunto. Recordaba ésta anécdota mientras leía unas páginas sobre el Toyota Production System (TPS). Las técnicas de producción de ésta fabricante de automóviles incluyen un concepto que define ésta política muy bien, aunque su nombre en japonés signifique poco para nosotros en la cultura occidental: “Heijunka”.

Heijunka significa “nivelar la carga” o el flujo de trabajo. Esta filosofía opera con la mente puesta en evitar los valles o los picos en los niveles de producción. Porque tarde o temprano les producen inventarios, y estos se traducen en dinero detenido. Lo que busca el TPS es que se opere sobre una base de producción lo más estable posible.

Volvamos a la aplicación de este concepto en nuestra vida cotidiana.

Muchas veces el frenético estilo de vida que llevamos nos induce a acelerar nuestro ritmo a niveles poco saludables. Puede ser que los resistamos, pero lo difícil es sostenerlos en el tiempo. Así, introducimos una carga de stress en el cuerpo y en nuestra mente que impacta negativamente en nuestra capacidad de hacer.



Pasar noches sin dormir para terminar un trabajo, por ejemplo durante un período de sobrecarga laboral hace que seguramente necesitemos luego de un descanso superior al disponible para poder recuperar fuerzas. No es una analogía exacta, pero creo que el problema queda de manifiesto.

Es preferible encontrar un ritmo de trabajo adecuado pero sostenido, de manera tal que los resultados sean con mayor frecuencia los buscados, a provocar picos y valles en nuestra actividad que nos desgastan a nosotros, a nuestros colaboradores y a nuestras familias.

Desde ya, la vida no siempre es tan predecible y muchas veces la realidad nos pasa por encima. Ahí nuestra capacidad de adaptación juega un rol determinante, pero el conocer nuestro propio ritmo nos permite jugar las cartas para que los imponderables sean enfrentados de la mejor manera posible. Y siempre lo recomendable es llevar la actividad a un nivel compatible con un flujo estable de trabajo.


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