miércoles, 31 de octubre de 2012

Rincón del Lector-Steve Jobs, por Walter Isaacson


Las biografías siempre han sido mi debilidad. Soy curioso por naturaleza y entender los motivos y pasiones de los grandes hombres de la historia siempre ha sido uno de mis intereses. Steve Jobs es uno de esos personajes que creo haber comprendido un poco mejor luego de leer la excelente biografía que preparó Walter Isaacson.



Hoy me toca contarles de un libro que  acabo  de terminar. La biografía de Steve Jobs que escribió Walter Isaacson por encargo del mismísimo fundador de Apple.

Hay muchos aspectos que uno puede analizar de una biografía, pero lo primero que quiero destacar es la calidad del producto en cuanto a lo literario. Es un texto que da verdadero placer leerlo, y que relata de una manera sorprendentemente amena la vida de un personaje complejo y a la vez fascinante del  mundo tecnológico moderno. Y más mérito aún es el lograr una biografía amena en un texto de más de 700 páginas.

Estoy en el mercado de la electrónica desde hace más de 25 años, y muchos de esos se los dediqué al negocio de la computación en algunas de las marcas más reconocidas. No cabe duda que Jobs siempre fue uno de esos personajes que flotaba en el ambiente, a pesar de haberme desenvuelto sin interrupciones en el mundo creado detrás de la PC de IBM y el dominio de los sistemas operativos de Microsoft. Sobre Apple, todos en mi ambiente sobreentendíamos que creaban productos para un nicho de mercado selecto, el de los creativos, donde el diseño gráfico jugaba un rol fundamental.

Dejo en claro en este preciso instante que jamás en mi vida manipulé una Mac y que sólo recientemente me involucré con los productos de la nueva generación de Apple, cuando me decidí a probar la experiencia iPad, a la vez que una de mis hijas se compró un iPod. Es un hecho que la cultura del genérico compatible PC está fuertemente arraigada en mí.

Aclarado mi origen “pagano” a todos los fanáticos de Apple y su legado, quiero decir que el libro de Walter Isaacson es un producto digno de Steve Jobs. Una excelente obra, impecablemente escrita, y desde ya bien traducida al español, que es la versión que cayó en mis manos. Rompe rápidamente con el prejuicio que instintivamente lo asalta a uno al leer una biografía hecha por encargo del protagonista. Lo primero que el lector espera es no encontrar menos que alabanzas a las virtudes y por supuesto un ocultamiento hasta comprensible de los defectos.

Si alguien esperaba leer ese tipo de biografía, Isaacson lo va a defraudar. Realmente explora al personaje en una cantidad de facetas tan amplia que muchos de los defectos expuestos del personaje difícilmente hubieran sido escritos en el libro de tratarse de una autobiografía. Y parece que Jobs se expuso abiertamente a esta “intensa exploración”.

Tampoco quiero pecar de crédulo asumiendo que están plasmados todos los puntos flojos del fundador de Apple. Pero hay algunos aspectos de su vida privada que si hubiera sido yo sencillamente no hubiera permitido publicarlos simplemente como una cuestión de proteger mi intimidad y la de mi familia.

Evidentemente Jobs tuvo la intención de dejar un mensaje. Léase por donde se quiera toda la intención de este personaje es siempre comunicar, lo que en el fondo es una de sus aspectos más exitosos como líder corporativo y de equipos de desarrollo. Su encargo a Isaacson fue ese, y creo sinceramente  que lo cumplió con creces.

Volcándonos a los aspectos de la organización y productividad personal que uno puede extraer de éste líder, la lectura del libro es un permanente recordatorio sobre la capacidad de enfoque que tenía. Era capaz de filtrar cualquier cosa que no tuviera que ver con sus objetivos, y se mantenía decidido y firme en sostener esa posición.

Esa capacidad de enfocarse no menguaba su habilidad para adaptarse a entornos cambiantes, haciendo gala de una flexibilidad que no muchos líderes son capaces de poner en juego. Es más, EL lideró esos cambios y los demás terminaron teniendo que seguirlo.

Su compromiso con la excelencia creo que a esta altura no tiene discusión. Cualquiera que tiene en sus manos uno de sus productos sabe la enorme distancia en la calidad entre algo de Apple y la de cualquier otro fabricante de productos similares.

Enfoque, flexibilidad, simplicidad; compromiso con la excelencia. La importancia de hacerse las preguntascorrectas. Algunos de los rasgos característicos de Steve Jobs que tienen que ver con la organización y la productividad personal y que pueden verse en acción con excelentes ejemplos en la biografía escrita por Walter Isaacson. Decididamente un texto para recomendar para cualquier profesional que quiera superarse día a día.


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jueves, 25 de octubre de 2012

Actitud–Compromiso con la Excelencia

Entre las actitudes necesarias para una persona organizada y productiva, ocupa un sitial digno de mención el “compromiso con la excelencia”. Se pueden hacer muchas cosas de cualquier manera. ¿Pero hacerlas de manera excelente? Ese es otro cantar…



¿Qué es la excelencia?


Volviendo a nuestro viejo amigo, el diccionario:

Excelencia: 
Superior calidad o bondad que hace digno de singular aprecio y estimación algo

Uno puede comprometerse a hacer montones de cosas en un cierto lapso de tiempo. Aunque… ¿Cuántas podrá hacer de manera verdaderamente valiosa? ¿Cuántas que no requieran re-trabajo? ¿Que signifiquen un paso de calidad hacia adelante en los proyectos? ¿Qué excedan las expectativas de nuestros clientes internos o externos? 

Recordemos que lo importante son las preguntas...

Según Sócrates, “Somos lo que hacemos cada día, de modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito”.




El compromiso con la excelencia es una "Actitud"


Si la excelencia es un hábito, el compromiso con la excelencia es una actitud. A mi “no me alcanza con cerrar ese proyecto en tiempo y forma. Quiero que ese cliente se quede tan satisfecho que me termine pidiendo de rodillas que le haga otro. O que me recomiende enfáticamente a otro potencial cliente”. A mayor regularidad en la entrega de excelencia, más se convierte en hábito. No me alcanza con el deseo de alcanzar los objetivos.

Ser excelente significa entre otras cosas recorrer lo que la cultura anglosajona menciona como “la milla extra” (go the extra mile). También lo expresa muy bien la frase “exceda las expectativas del cliente” (exceed customer expectation).

Pensemos en las enormes diferencias que percibimos en automóviles que ponen énfasis en la calidad respecto de lo que no lo hacen. ¿Cuándo lo notamos? Cuando no tenemos que preocuparnos de fallas insólitas que nos hacen perder inútilmente tiempo y dinero. O cuando nos da placer subirnos al auto, porque su conducción es sublime, respecto de un auto que sólo fue pensado para transportar "cosas", no personas.

Un cliente percibe perfectamente cuando uno le pone compromiso a un resultado de excelencia y cuando no. Pensemos en las aerolíneas que se enfocan en el servicio al cliente vs aquellas que sólo se enfocan en el precio, y cómo nos hace sentir cada una. Si todos hiciéramos lo mismo, entonces elegir a cualquiera sería lo mismo. Sería como convertirse en un “commodity”.

Pero cuando nos comprometemos con la excelencia en nuestro trabajo, marcamos el camino. Establecemos nuevas alturas para la percepción del cliente, interno o externo, y hacemos que éste perciba un verdadero interés de nuestra parte por sus resultados.


Un buen ejemplo


Steve Jobs es a mi modo de ver el ejemplo más vívido que tenemos recientemente de un hombre comprometido con la excelencia. Sus productos muestran una obsesión por los detalles poco común, tanto a nivel estético como a niveles de experiencia de los usuarios de sus productos. Un gran ejemplo de lo que significa poner el esfuerzo adicional que haga falta para entregar un resulado diferente, superior. Cuando uno experimenta el uso de un producto Apple como un iPhone, un iPad o un iPod nota inmediatamente la atención puesta en detalles que para otros fabricantes resultan irrelevantes, pero que puestos en el contexto del usuario hacen una enorme diferencia. 

De todas maneras el mundo no es perfecto, y somos seres humanos. Tenemos límites. No se puede ser excelente en todo, y hasta Jobs era consciente de eso. Es lamentable, pero es así. Pero puedo ser tan excelente como me lo proponga en aquellas cosas que verdaderamente me importan. Y puede ser lo suficientemente exigente como para que el resultado sea razonablemente satisfactorio en aquellas cuestiones que tienen menos valor en mi lista de prioridades, porque deben ser hechas de todas maneras.





El rol de la priorización en la excelencia


¿Y cómo discrimino a cuáles cosas comprometer el esfuerzo de la excelencia? Toda una decisión. En principio parece que lo recomendable es hacerlo sobre aquellas tareas o actividades que están alineadas con mis intereses, mis valores, mi visión y/o mi misión. Tengo en definitiva que tener las metas claras…

Para una persona saturada de obligaciones laborales y personales, con demandas por doquier las 24 horas del día, esto puede parecer un esfuerzo titánico. 


“Encima que tengo que hacer de todo, ¿me piden que vaya más allá”? 

Y la respuesta es “Si. Es lo que hace la diferencia”.

Por eso “priorizar es fundamental”. El día tiene 24 hs. 


No puedo satisfacer al mundo entero, pero sí puedo comprometerme a hacer una cierta cantidad de cosas de una manera inolvidable. Unica. 

Para todo lo demás, pondré mi mejor esfuerzo.



En resumen


A mis prioridades les asignaré el más alto enfoqueles dedicaré tiempo y les caminaré la milla extra que sea necesaria. Porque le pondré pasión a lo que hago. Porque tendré mi visión clara y mi compromiso con la excelencia como guía para saber si hace falta algo más para alcanzarla y excederla.


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jueves, 18 de octubre de 2012

Lo Importante de un Smartphone

Tener un Smartphone nos abre un enorme abanico de posibilidades de la era de internet. Agenda integrada a la computadora, email, chat, Facebook, Twitter, navegación web. Y todo esto sin contar los servicios tradicionales  como la telefonía móvil, la casilla de mensajes de voz y el SMS.

Pero... ¿sabemos realmente trabajar con ésta poderosa herramienta?




He visto a la gente comprarse teléfonos celulares por diferentes motivos a lo largo de los años. De ser un servicio de telefonía básica éste dispositivo se convirtió en los últimos años en muchas más cosas, incluida la opción de accesorio de moda. De tener un mero teléfono se pasó a tener que armonizarlo con nuestro vestuario y nuestro entorno de trabajo.

No quiero menospreciar el rol social del celular en la actualidad. Lo tiene, y bien ganado. Claramente un director de una gran empresa no puede hoy usar un celular básico sin dar una pobre imagen a sus pares o a sus empleados. Su estrategia comunicacional horizontal o vertical dirá si es o no el mensaje correcto, pero que se comunica algo sin mediar palabra es innegable.

Si nos abstenemos del rol social del celular y nos enfocamos en su papel relevante en la organización personal del ejecutivo moderno, veremos que hay una cantidad enorme de aspectos a ser considerados a la hora de elegir el dispositivo.

Confiabilidad, sobriedad, sencillez de uso y versatilidad son las primeras cualidades que vienen a mi mente cuando pienso en lo que espero de un Smartphone en la actualidad.

La sobriedad me resuelve en buena medida el problema de la moda. Quiero que el teléfono transmita la seriedad de un profesional, y ahí cierro el tema de la imagen, para enfocarme en los aspectos laborales.

Desde el aspecto de la confiabilidad, mi exigencia es que el dispositivo no se deba reiniciar con regularidad para poner en caja su funcionamiento; que la señal de radio sea lo suficientemente buena para asegurar recepción en la mayoría o la totalidad de condiciones de trabajo, y que por supuesto la reacción a los comandos sea rápida y predecible.

La sencillez de uso no es menor. Si para hacer una simple llamada tengo que hacer más acciones que en un celular estándar, algo no está bien. De idéntica manera me interesa la facilidad de acceder a la agenda de contactos y la simplicidad para cargar la información en la misma.

La versatilidad es el atributo que viene como consecuencia de tener un Smartphone.  Pero ésta no debe ir en detrimento de los requisitos anteriores, que para mí son básicos en un producto de ésta categoría.

La incorporación en las redes móviles de la tecnología EDGE y luego 3G (por supuesto me refiero a las redes de tipo GSM) han permitido a los celulares ofrecer a los usuarios el acceso a Internet. Cuando lleguemos a los despliegues LTE (Long Term Evolution) seguramente tendremos un nuevo cambio de paradigma, pero por ahora adaptémonos con dignidad al escenario actual, que de por sí es un desafío no menor.

Una vez cubiertos los aspectos básicos de un sólido celular moderno, el buen aprovechamiento de las facilidades de Internet es lo que diferencia a un buen Smartphone de uno mediocre.

Empezando por la gestión de la bandeja de email, integrada a nuestra cuenta en la computadora es uno de esas revoluciones productivas que produjo un punto de inflexión. Ahora uno puede ver en todo momento y lugar si llegó ese correo tan esperado o adelantarse a hacer un pedido por escrito sin esperar a llegar a la oficina. El cambio fue lo suficientemente fuerte, y cimentó el gran éxito del Blackberry.



Pero la verdadera revolución productiva viene con la completa integración de los elementos de agenda de la computadora con los del Smartphone. Si puedo tener permanentemente sincronizados el Outlook y el celular paso a tener la información siempre disponible, pudiendo cargarla indistintamente en uno u otro sistema. No necesito cargar una agenda aparte (ya sea electrónica o en papel) porque de por sí me conviene aprovechar la del celular, que siempre está conmigo. 

Que un iPhone o un Samsung Galaxy permitan navegar por internet y por las redes sociales  suavemente y de manera táctil es muy divertido y una experiencia "sensorial" maravillosa. Productivamente hablando, agregan poco a la productividad personal hasta que vemos que estos dispositivos incorporan también la habilidad del Blackberry de sincronizar correo y elementos de agenda. Ahí empezamos a hablar en serio...

Tener el calendario y las listas de tareas siempre sincronizadas es tanto o más importante que la posibilidad de ver y responder correos electrónicos. En ese punto, logramos un salto cualitativo (y por qué no, cuántico) en nuestra productividad personal. Incluso en las estructuras corporativas, el calendario se puede sincronizar con el resto de los empleados, permitiendo ahorrarse la verificación de cambios en el huso horario según el país, y la visión de reuniones de manera conjunta, ahorrando el paso de cargar la comunicación de la reunión a la agenda a todos los que no sean el organizador de la reunión.

Por supuesto que las herramientas como el chat  pueden ser eventualmente de ayuda. Ni que hablar de poder tener las redes sociales o las aplicaciones más "cool"  (aparte de los juegos), como ser conversores de unidades o especificas de ciertas profesiones como un vademécum para los médicos.

Pero lo importante, lo verdaderamente importante de un Smartphone para el profesional moderno es la habilidad de tener su sistema de organización siempre disponible con la versatilidad de las herramientas de computación modernas. 

Todo lo demás..., es accesorio.

  
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jueves, 11 de octubre de 2012

Lo Importante son las Preguntas


El proceso de organizarse es de tipo racional. Requiere que pongamos en juego nuestro intelecto, eso que nos distingue de las bestias que actúan por instinto. Parte relevante del razonar requiere que uno se haga preguntas y las responda. ¿Pero, son más importantes las preguntas o las respuestas?




Pretender que un sistema de organización resuelva todos nuestros problemas es un error desde el principio. La parte fundamental de organizarse es precisamente la que no entra en ningún sistema formal. El proceso racional de analizar lo que tenemos entre manos, elegir qué hacer, y hacerlo conforme a nuestro mejor saber y entender.

Pensar es lo que nos distingue de los animales. Cuando decimos que hay que pensar antes de actuar justamente estamos atacando la postura del “deje de pensar tanto y póngase a trabajar”. Por tentador que resulta, producto de su simpleza, ésta manera de “no pensar” sólo nos convierte en monigotes sin rumbo. Por supuesto, hay un momento en que ya se pensó todo lo necesario y lo que hay que hacer es simplemente ejecutar.

Dentro del proceso de razonamiento, más allá de cosas como la asociación, discriminación o el uso regular de las reglas de la lógica, una parte no menor la lleva una estructura básica que se repite una y otra vez.

Hacerse preguntas y tomarse el trabajo de responderlas.

¿Pero cualquier pregunta? Sirve. ¿Dedicamos al menos un rato a listar las dudas y luego nos abocamos con tesón a responder?

Albert Einstein tenía una frase muy famosa al respecto y que me parece lo suficientemente ilustrativa del punto: “Si me quedara una hora para salvar al mundo, dedicaría cincuenta y nueve minutos para elegir la pregunta adecuada y el minuto restante a responderla”.

En la misma línea que una vieja frase que dice:

Es preferible encontrar una respuesta aproximada a la pregunta correcta que una respuesta precisa a la pregunta incorrecta.

Y ustedes se preguntarán ¿pero a qué viene este tipo a darnos cátedra de algo harto sabido. Pues bien, aunque parezca mentira este ejercicio de preguntas y respuestas está en el centro de un buen sistema de organización con independencia del flujo de procesos o la disciplina que se ponga en su realización completa.

Cuando tomo algo de la bandeja de entrada y lo reviso para ver qué es, inmediatamente tengo que preguntarme ¿Qué voy a hacer con esto? Es muy normal enfrascarse en lo que representa. Podemos sentarnos a divagar sobre que nos gustaría hacer con esa vieja foto, ese excelente texto o la publicidad que nos llegó por correo. Pero el punto de inflexión en la organización personal surge cuando uno se hace la pregunta ¿Qué haré con esto? Su mera formulación nos configura la mente en un modo de búsqueda de respuesta. La pregunta debe ser contestada. El resultado puede ser mejor o peor, pero habrá un resultado.



De la misma forma, el poder de la pregunta ¿cuál es la siguiente acción? oficia de poderoso catalizador de nuestros procesos mentales. Automáticamente tenemos que ordenar las ideas que flotan en nuestro cerebro y tenemos que presentarnos una o varias alternativas para dar respuesta.

La elección incorrecta de una pregunta (o su no formulación en el momento adecuado) tiene el efecto de dispersarnos, quitándonos del camino que seguimos. La pregunta correcta por el contrario tiene un poderoso efecto de anclaje mental y enfoque.

Hay muchas preguntas que en el proceso de organizarnos hacen la diferencia entre hacernos más o menos productivos.

Ahora, termino este texto haciéndote una pregunta:

¿Cuál es la mejor pregunta que tienes para responderte a diario?

  
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miércoles, 3 de octubre de 2012

Introducción al Escenario Móvil

Cuando comenzamos con un Smartphone solemos analizar condiciones tales como recibir correo electrónico, tener un teclado completo o una pantalla táctil, la posibilidad de navegar por internet y pocas cosas más. Pero nos encontramos con una poderosa herramienta que impacta sensiblemente en nuestra manera de trabajar extendiendo nuestra oficina más allá de los confines físicos de ésta.




Organizarnos cuando estamos fuera de la oficina, a pesar de lo trivial que parece, tiene su complejidad. No tenemos la posibilidad de estar siempre delante de la computadora, ni de tener abierta la agenda todo el tiempo. Podemos estar en movimiento en nuestro auto, en un transporte público o arriba de un avión; podemos estar en un bar, un aeropuerto o una estación de tren; podemos encontrarnos en una reunión con un cliente o en una sala de espera previo a una. La cantidad de variantes es tanta, que tener un mecanismo que se adapte a todas es realmente difícil.

En contraste, las oficinas nos permiten un ambiente mucho más controlado y enfocado a nuestra misión. Es un entorno que puede predecirse con facilidad en términos generales y entonces nos da margen para definir nuestras condiciones de trabajo.

A pesar de lo que muchos pueden pensar, no son smartphones como el Blackberry o el IPhone los responsables de que simples mortales debamos empezar a preocuparnos de cómo organizarnos fuera de la oficina. Sí han provocado una profundización de ese proceso, pero el gran culpable fue el computador portátil. La aparición de las laptops y notebooks en los años 90 han puesto los recursos de la oficina literalmente en nuestras manos para llevarlos donde queramos. Ahí se desdibujó completamente el límite físico de la oficina para trasladarse a cualquier momento y lugar. Y no teníamos WiFi!

Hasta aquí fue simplemente una observación histórica. El salto cuántico lo dio la computación portátil, no el teléfono móvil, el cual simplemente se limitó a potenciar nuestra capacidad de comunicarnos. Pero sin tener a mano nuestra computadora hubiera sido imposible hacer nuestro trabajo de base fuera de la oficina.

Ahora bien. En los tiempos que corren el tener una computadora portátil es ya una condición “estructural”. Si tenemos organizada la información adecuadamente en la oficina sobre nuestra computadora igualmente lo estará en la calle porque estaremos operando sobre el mismo dispositivo.

El verdadero dolor de cabeza lo traen ahora los Smartphones. Aquí la cosa se pone más complicada. Aquí Blackberry sí que provocó un cambio sustancial en el paradigma del trabajador de la información, cosa que ahora está permeando a muchas más actividades.


Blackberry resolvió muchos problemas organizativos para el mundo corporativo. Realmente integró de manera eficaz las herramientas de correo, tareas y calendario en un único sistema, sólido y confiable. Pero si tengo que ser completamente honesto, para todo lo que la gente demandaba un Blackberry (al menos al principio) era para poder leer los correos electrónicos en tiempo real. Sin tener que encontrar un lugar físico donde sentarse que tuviera disponibilidad de internet, para luego prender la computadora esperar que inicie el Microsoft Windows, abrir el Outlook y bajar la pila de mensajes, a veces enorme, e interminable. Es el día de hoy que hay gente que no usa el Blackberry para otra cosa que no sea recibir correos, o chatear con los amigos o compañeros de trabajo usando el Blackberry Messenger.

Si todo lo que nos preocupa es recibir el correo electrónico, está bien. Ese puede ser un motivo legítimo. Pero la extensión del sistema de organización a nuestro dispositivo móvil es de la relevancia suficiente como para dedicarle un poco más de elaboración y análisis a nuestra elección. La inundación de Smartphones y la introducción de las Tablets desde la salida al mercado del iPad por parte de Apple y la irrupción de competidoras como Samsung  entre otros están poniendo una enorme variedad de opciones en nuestras manos.

¿Cuál fue el cambio de paradigma ésta vez? Simple, ahora el dispositivo con TODA nuestra organización estará SIEMPRE disponible, integrado con nuestra “CENTRAL DE COMUNICACIONES”, en todo momento y en todo lugar. Se terminaron las excusas…





No es un cambio menor. Es un salto cuántico en productividad cuyo real alcance no ha llegado completamente a entenderse. Y de la misma manera que la revolución industrial trajo consigo por primera vez el hecho de tener una oferta que pudiera superar a la demanda, ahora un trabajador del Siglo XXI no se encuentra atado a su oficina para poder producir. Es un trabajador móvil,  virtual, con mayor alcance, más información disponible (mucha más) que tiene que empezar a tomar decisiones que antes no eran necesarias porque la organización de la sociedad ya tenía armado su esquema de trabajo.

¿Quedarse en la oficina o trabajar desde la casa? Terminar el trabajo durante el viaje; destinar tiempo a descansar; dedicar tiempo a la familia…

El trabajador moderno se encuentra ante un cambio tan relevante que sin algunas pautas para controlar la situación puede terminar colapsado.

El correo electrónico no va a parar de entrar nunca, y no es cómo antes que si uno no estaba en la oficina nadie atendía el teléfono a menos que se tuviera una secretaria. Ahora a uno le entran siempre de algún modo. Si no lo ubican por teléfono le van al celular; sino le mandan un SMS, mientras por las dudas le disparan un correo electrónico, y por las dudas prueban con el Messenger. De alguna manera siempre nos encuentran.

Como hemos dicho varias veces, la clave no es la herramienta en sí, sino nuestra manera de usarla. Cualquiera puede comprar un martillo profesional. Pero cualquier golpe no logra que el clavo se incruste hasta el fondo y en el ángulo correcto.


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