jueves, 11 de octubre de 2012

Lo Importante son las Preguntas


El proceso de organizarse es de tipo racional. Requiere que pongamos en juego nuestro intelecto, eso que nos distingue de las bestias que actúan por instinto. Parte relevante del razonar requiere que uno se haga preguntas y las responda. ¿Pero, son más importantes las preguntas o las respuestas?




Pretender que un sistema de organización resuelva todos nuestros problemas es un error desde el principio. La parte fundamental de organizarse es precisamente la que no entra en ningún sistema formal. El proceso racional de analizar lo que tenemos entre manos, elegir qué hacer, y hacerlo conforme a nuestro mejor saber y entender.

Pensar es lo que nos distingue de los animales. Cuando decimos que hay que pensar antes de actuar justamente estamos atacando la postura del “deje de pensar tanto y póngase a trabajar”. Por tentador que resulta, producto de su simpleza, ésta manera de “no pensar” sólo nos convierte en monigotes sin rumbo. Por supuesto, hay un momento en que ya se pensó todo lo necesario y lo que hay que hacer es simplemente ejecutar.

Dentro del proceso de razonamiento, más allá de cosas como la asociación, discriminación o el uso regular de las reglas de la lógica, una parte no menor la lleva una estructura básica que se repite una y otra vez.

Hacerse preguntas y tomarse el trabajo de responderlas.

¿Pero cualquier pregunta? Sirve. ¿Dedicamos al menos un rato a listar las dudas y luego nos abocamos con tesón a responder?

Albert Einstein tenía una frase muy famosa al respecto y que me parece lo suficientemente ilustrativa del punto: “Si me quedara una hora para salvar al mundo, dedicaría cincuenta y nueve minutos para elegir la pregunta adecuada y el minuto restante a responderla”.

En la misma línea que una vieja frase que dice:

Es preferible encontrar una respuesta aproximada a la pregunta correcta que una respuesta precisa a la pregunta incorrecta.

Y ustedes se preguntarán ¿pero a qué viene este tipo a darnos cátedra de algo harto sabido. Pues bien, aunque parezca mentira este ejercicio de preguntas y respuestas está en el centro de un buen sistema de organización con independencia del flujo de procesos o la disciplina que se ponga en su realización completa.

Cuando tomo algo de la bandeja de entrada y lo reviso para ver qué es, inmediatamente tengo que preguntarme ¿Qué voy a hacer con esto? Es muy normal enfrascarse en lo que representa. Podemos sentarnos a divagar sobre que nos gustaría hacer con esa vieja foto, ese excelente texto o la publicidad que nos llegó por correo. Pero el punto de inflexión en la organización personal surge cuando uno se hace la pregunta ¿Qué haré con esto? Su mera formulación nos configura la mente en un modo de búsqueda de respuesta. La pregunta debe ser contestada. El resultado puede ser mejor o peor, pero habrá un resultado.



De la misma forma, el poder de la pregunta ¿cuál es la siguiente acción? oficia de poderoso catalizador de nuestros procesos mentales. Automáticamente tenemos que ordenar las ideas que flotan en nuestro cerebro y tenemos que presentarnos una o varias alternativas para dar respuesta.

La elección incorrecta de una pregunta (o su no formulación en el momento adecuado) tiene el efecto de dispersarnos, quitándonos del camino que seguimos. La pregunta correcta por el contrario tiene un poderoso efecto de anclaje mental y enfoque.

Hay muchas preguntas que en el proceso de organizarnos hacen la diferencia entre hacernos más o menos productivos.

Ahora, termino este texto haciéndote una pregunta:

¿Cuál es la mejor pregunta que tienes para responderte a diario?

  
Enlaces Relacionados