jueves, 21 de febrero de 2013

Hábitos - Anticipación

Cuando vamos manejando nuestra jornada es muy útil, además de mantener el foco en lo que hacemos, disponer de una imagen de aquello que viene a continuación, lo cual nos permite tomar decisiones con más rapidez ante eventuales cambios.


No sé cuantos de ustedes están familiarizados con el concepto de Hypermiling ó de  "Energy-efficient driving" Se trata de una técnica de conducción de automóviles en la cual se intenta optimizar el consumo de combustible. Tiene sus detractores cuando se lo lleva al extremo, pero en términos generales los conceptos básicos son muy buenos. De paso, lo que propone es un cambio en nuestros hábitos, algo que para los que buscamos mejorar nuestra organización personal es casi una batalla cotidiana.

Una de las técnicas recomendadas es la de “Anticipación”.  

¿Cuál es la ventaja de ésta técnica? La conducción con información adelantada nos permite controlar con mayor eficacia el impulso que damos al vehículo por medio del acelerador y la caja de cambios. Tiene muchas otras ventajas respecto del desgaste de elementos clave como los frenos, porque si la aceleración del auto es suficiente el solo hecho de levantar el pie del acelerador nos permite recurrir al freno-motor para reducir nuestra velocidad.

Para no extendernos mucho en un tema que de por sí se las trae, la idea general es que la anticipación de maniobras me permite tomar decisiones más eficaces respecto del uso de los recursos físicos del automóvil.

En nuestra actividad diaria también es conveniente tener una mirada de anticipación. Disponer mentalmente de una imagen de las tareas que tengo por delante, a pesar de estar poniendo un fuerte foco en lo que estoy haciendo, me da la habilidad de controlar si puedo seguir concentrado o si debo empezar a “levantar el pie del acelerador y prepararme para lo que sigue”.

¿Qué tan larga debe ser esa imagen? O en otros términos ¿Cuál debe ser la escala temporal de mi nivel de anticipación? La primera respuesta es por supuesto que “depende de la velocidad” a la que esté viajando. De la misma manera que no podemos poner nuestra mirada de anticipación a la misma distancia conduciendo a 40, 60, 100 o 130  km/h, no será la misma escala de previsión la que necesite una persona con una vida tranquila o moderada con la de alguien que tenga un trabajo exigente, una agenda social recargada y una vida familiar con varios hijos en edad escolar.

Cuando hacemos la planificación anual, mensual y semanal solemos generar una imagen útil de los compromisos que se nos vienen encima. Luego, la realidad empieza a hacer su trabajo de generar fricción alterando nuestros planes, razón por la cual debemos estar regularmente haciendo correcciones de rumbo.

Nuestra anticipación la define lo que yo llamo nuestro “sistema de navegación” (Calendario+Lista de Tareas) el cual me permite visualizar la escala temporal con rapidez. Tengo el mapa de navegación disponible, la posición horaria en la que estoy ya es dato (con independencia de usar una agenda electrónica o en papel) y  mi listado de tareas por hacer.

Cada vez que decido lo que tengo que hacer a continuación, doy una mirada rápida a como está la situación del día. Y automáticamente genero de esa forma mi alcance de anticipación. Eso me permite eventualmente hacer un cambio de rumbo si por ejemplo cambiaron mis prioridades del día o necesito hacer una corrección al plan diario por  cualquier motivo. Como resultado, tengo la capacidad de actuar mucho antes que si trabajara con mi mente exclusivamente puesta en lo que tengo delante.

La anticipación me permite por ejemplo definir alarmas en las tareas o las citas de las que seguro me enteraré porque simultáneamente sonarán en mi Blackberry. No siempre son necesarias, y es por eso que anticiparme me permite reducirlas a los pocos casos que las justifican.




Con la mente puesta en lo que hacemos, y la adecuada mirada de anticipación, podremos actuar con muchísima más eficacia y flexibilidad que si nos lanzamos sin freno a ejecutar sin pensar aunque sea un poco. Al igual que un buen conductor, no perderemos el rumbo, cumpliremos nuestros planes y/o los adaptaremos a la siempre cambiante realidad, utilizando un mínimo de recursos físicos.


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