martes, 27 de marzo de 2012

Hay un tiempo para todo


Existe un tiempo para cada cosa. No respetar sus límites es una invitación constante al conflicto y a la pérdida de control...



“Todo tiene su momento oportuno;
hay un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo […]”
Eclesiastés 3

El manejo de los contextos es una forma de cristalizar espacios de tiempo con un cierto alcance, que si bien pueden ser adaptados por necesidades puntuales, deben ser respetados para lograr así poner nuestra mente en el lugar y tiempo adecuados.

Identificar y actuar en el momento oportuno para cada cosa no es imposible pero sí difícil de sostener en el ajetreado mundo que vivimos. Todos nuestros compromisos, los externos y los propios, tironean constantemente de nosotros como si fuéramos ilimitadamente flexibles.

Pero lo real es que no somos ni seremos nunca tan elásticos. Podemos parecerlo, pero no podemos hacer que el día tenga más de sus 24 horas, a menos que seamos capaces de jugar con el continuo espacio-tiempo, algo difícil de lograr a todas luces.


La fantasía de la multitarea es uno de los tantos trucos al que se suele recurrir para sacarle más jugo a nuestro siempre escaso bien que es el tiempo. Pero la multitarea es una ilusión. En esencia nadie puede hacer muchas tareas de manera simultánea. Por lo menos no puede hacer todas esas tareas bien.


El concepto de mantener nuestra mente enfocada en lo que hacemos es una manera de respetar el tiempo de cada cosa. Poner toda la concentración en el tema que tenemos entre manos nos permite tomar decisiones con más claridad, a la vez que reduce el stress.

Los contextos, por otro lado nos proporcionan un marco de referencia útil para asentar nuestra mente y situarnos adecuadamente para decidir cuál es el siguiente paso.

A medida que la cantidad de temas que manejamos crece, manejar los contextos se torna cada vez más crítico. Incluso dentro de un ámbito general como el laboral, poder situarse con tranquilidad y aplomo ante diferentes proyectos requiere como pre-requisito el haber logrado un nivel de organización tal que la información pertinente al proyecto (al que podemos considerar como un sub-contexto) esté disponible al mismo tiempo que cumpla con las premisas básicas de ser clara, concisa y relevante para la toma de decisiones.

El momento de cada contexto es el tiempo para cada cosa que decidimos dedicar a lo que estemos haciendo. Cuando ese tiempo es interrumpido, nos quedan dos caminos. 

En primer lugar podemos intentar detener la interrupción de alguna manera (tomando una nota, negociando un nuevo momento para retomar el pedido o realizándola si es un tema que podemos resolver lo suficientemente rápido (tal vez en menos de dos minutos). 

La segunda opción, es precisamente cambiar de contexto/sub-contexto. Si la interrupción es lo suficientemente relevante, habrá que prestarle la debida atención y ya no será el tiempo de la tarea anterior sino el de la nueva.




Cuando se cambia de contexto general, las reglas básicas son las mismas. Nuestra mente debe estar atenta y presta para actuar de manera acorde, ya sea durante nuestro tiempo personal con la familia, como cuando estamos con nuestros hobbies.

No digo que sea fácil. Nuestra mente constantemente nos refresca los temas que nos preocupan. Si logramos adquirir la habilidad de poner cada cosa en su lugar, para así poder retomarla la siguiente vez, podremos alcanzar altos niveles de efectividad con un mínimo stress.

Todas las veces que logro mantener cada tema dentro de su contexto adecuado, me relajo mucho más y obtengo más y mejores resultados. Es por lo que a mí respecta un hábito que trato de cultivar a diario, a pesar de las constantes presiones que recibo.

Hay un tiempo para todo. Cultivemos el arte de identificar el momento oportuno para cada cosa, y pongamos toda nuestra intensidad en el presente que nos toca vivir, para así haber dejado lo mejor de nosotros a cada paso.

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