martes, 6 de marzo de 2012

La primera regla para balancear entre Vida y Trabajo


La herramienta principal para balancear entre vida y trabajo es la capacidad de lograr que los elementos de un mundo no se crucen con el otro... 


O al menos reducir todo lo que se pueda dicho cruce. ¿Debemos sostener una disciplina de hierro en este sentido, o debemos olvidarnos por completo de separar nuestras vidas personal y profesional porque es una meta de imposible cumplimiento?

Ubiquémonos por un momento en un escenario imaginario donde podamos claramente delimitar el alcance de nuestras tareas y en el que nos aseguremos sin ninguna posibilidad de duda que nuestra vida laboral no interfiere en nuestros asuntos personales y viceversa.

En ese mundo ideal, dejaríamos automáticamente de pensar en los problemas del trabajo cuando cruzamos la puerta de la oficina hacia la calle. Asimismo nuestros problemas personales quedarían en casa cuando nos dirigimos al trabajo.

Ese mundo ideal no existe, a pesar de lo cual sigue siendo un escenario deseable.






Si uno decide enfocarse en lo que hace necesariamente está eligiendo dejar de prestar atención a todo lo demás. Si lo que hace es trabajar, su compromiso es con su tarea en ese momento. Si está en su casa y se enfoca, su mente está con sus afectos.

El corte mental entre un mundo y el otro es posible, pero en la realidad cotidiana no siempre podemos evitar que los problemas atraviesen nuestras fronteras personales. Somos seres humanos, y la intensidad de algunos temas es lo suficientemente relevante como para hacer triza casi cualquier barrera que queramos imponerle.

Algunas personas dominan la habilidad de hacer el corte mental. Otras no. 

La pregunta que uno se hace es: ¿está bien hacer ese manejo de manera rigurosa?

Mi respuesta a ésta pregunta es SI y NO.

Sí, porque la habilidad de hacer el corte mental entre un mundo y el otro marca una diferencia muy importante en la calidad de lo que hacemos, sea compartir tiempo con nuestros hijos o preparar un informe para nuestro jefe. Y no, porque no necesariamente es un objetivo deseable cortar tajantemente entre un mundo y el otro.

Aún con lo contradictorio que esto pueda parecer, es necesario entender que nuestra manera de actuar en cada contexto debe tener un ancla con la realidad, y no es realista ni deseable decir: “no voy a escuchar nada porque estoy concentrado en lo mío” cuando por ejemplo mi familia necesita comunicarse conmigo urgente porque hubo una emergencia en casa. O teniendo que terminar nuestro trabajo porque se espera un entregable a primera hora del día siguiente, ignorar esa situación porque “terminó nuestro horario de oficina”.

En cualquier caso, las consecuencias se harán sentir. Actuar como autistas sólo nos deparará situaciones no deseadas, que se alejan de nuestros objetivos y de nuestros valores.

¿Cómo conviene manejar esas situaciones? Dando a las cosas la importancia que tienen, negociando con el entorno en cada caso, y tendiendo en la medida de lo posible a separar los aspectos personales de los profesionales. El ideal nos sirve de pauta general. Y es muy sano tenerla, porque permite bajar el stress. Nadie puede ser efectivo si está pendiente de decenas de temas de otros ambientes cuando tiene que poner atención a lo que hace.

Si uno está manejando un auto, debe tener el foco principal de atención en la conducción, o se estrellará con potenciales personas heridas. Si uno maneja un negocio, no prestarle la debida atención, puede hacer que lo pierda. Y si uno tiene una familia debe poder hacer conexión con sus integrantes compartiendo con ellos momentos especiales. Seres queridos que también deberán entender cuando el trabajo apremia, y colegas que deberán entender también cuando un tema familiar no tiene opción de ser atendido en otro momento.

En Resumen, 

Para poder balancear adecuadamente entre vida y trabajo es necesario darle a cada cosa su tiempo, poniendo el máximo compromiso personal en lo que se está haciendo y dándole a cada cosa la importancia que tiene de acuerdo a nuestros valores y a la realidad imperante. Así podremos decidir si en alguna circunstancia es conveniente o no interrumpir nuestra concentración, para poder retomarla luego con la tranquilidad de no tener problemas graves sin resolver en los sombreros de nuestra vida.

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