jueves, 30 de agosto de 2012

La Dualidad Enfoque-Dispersión

A veces nos recomiendan ser enfocados, y otras veces levantar la mirada y ver el panorama. Cuándo y cómo hacer cada cosa es otra de esas habilidades que tenemos que desarrollar para lograr controlar nuestro tiempo



Necesitamos ser enfocados cuando tenemos que poner la atención sobre un tema de cierto nivel de complejidad. Para alcanzar un comprensión al máximo de todos los detalles y vericuetos de un tema. Si no ponemos atención suficiente sobre una tarea determinada corremos el riesgo de hacerla mal o de manera incompleta. Si no somos capaces de controlar las interrupciones de nuestro Smartphone, el teléfono o nuestros compañeros de trabajo, difícilmente el resultado sea el que necesitamos conseguir.

Por otro lado debemos ser también capaces de ver el “panorama” para poder elegir el camino a seguir con suficiente inteligencia. Para que el camino sea el correcto, así como la forma de encararlo. Si no lo hacemos corremos el riesgo de hacer la tarea correcta para el objetivo incorrecto, o ejecutar perfectamente la metodologia incorrecta para el objetivo buscado. Un piloto de una aerolínea que no pueda armar con suficiente inteligencia un plan de vuelo, difícilmente pueda tener la responsabilidad de llevar una nave de pasajeros a buen puerto, por más que domine todas y cada una de las técnicas y maniobras de un Boeing o un Airbus.

 Esto es lo que entiendo como “Dualidad Enfoque-Dispersión”. Lo normal es que cuando uno está muy concentrado en una tarea pierde la visión de contexto. Ahí es cuando se recomienda de tanto en tanto levantar la cabeza y ver dónde estamos parados. Y viceversa, cuando estamos mirando el tema muy por arriba, en una etapa de planificación, se nos pierdan los detalles y se pierda la habilidad de prestarles atención, lo cual en el momento de realizar esa tarea puede provocar una pobre ejecución.

¿Se pueden hacer ambas cosas a la vez? Por supuesto que sí. Y es tan importante una aproximación como la otra.

Durante las primeras décadas del siglo XX, en el transcurso de la revolución de la física cuántica, surgió un concepto disruptivo: la dualidad onda/partícula.
Durante años se postuló que el electrón era una partícula. Hasta que se postuló y luego se verificó en ciertos experimentos que podía comportarse como una onda. El debate en la comunidad científica llegó a niveles altísimos, porque las implicancias (incluso filosóficas) de ésta definición no son menores. Y el concepto que terminó prevaleciendo es que el electrón se comporta como una partícula ante determinadas situaciones y como una onda ante otros.

Sin entrar en los detalles de la mecánica cuántica, que por supuesto no es el objeto de este artículo, el concepto que quiero expresar es que para lograr organizarnos y tener buenos resultados nuestra mente debe tener tanto la habilidad de concentrarse fuertemente en un tema (alto enfoque) como la de tener una visión de panorama (alta dispersión). Lo que uno ve a diario es que hay gente que tiene más habilidades en una u otra forma de trabajar, pero la capacidad de decidir cada modo según la conveniencia y hacerlo de manera efectiva distingue a las personas realmente organizadas y eficaces.



En general cuanta menor variación y capacidad de decisión hay, se tiende a ser más especializado. Hay un marco para este entorno. El problema con esta manera de actuar es que se pierde la visión de contorno. Mientras que el  problema de no saber enfocarse o concentrarse es la incapacidad de manejar ciertos temas con la profundidad que requieren.

La habilidad de planificarse uno mismo, y luego ejecutar esa planificación es en esencia la capacidad de poner la mente en un modo disperso primero, viendo todas las ramificaciones de un problema a cierta distancia, cubriendo tantos aspectos del mismo como se pueda, y una vez cerrada esa etapa pasar a un modo de ejecución, donde la concentración en lo que se hace es tan alta que cada tarea que se realiza obtiene el máximo posible de precisión.

El modo disperso nos permite imaginar alternativas, evaluarlas y ponerlas en un contexto, lo cual sumado a una correcta visión nos da un plan adecuado. El modo enfoque nos permite ver un tema con la suficiente completitud como para que no se pierdan detalles críticos. Muchas veces, especialmente en las actividades más complejas, la clave está en los detalles.

Debemos cultivar ambas habilidades. Tanto la de poder enfocarnos fuertemente en algo, como la de ver la “pintura completa”. Requiere esfuerzo y práctica, pero los resultados compensan largamente cualquier inversión en éste sentido.


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