jueves, 18 de abril de 2013

Planificación-La Vision

Todo plan tiene un punto de partida. El elemento fundamental que da origen a un amplio abanico de objetivos, misiones y planes de acción. Aquello que nos impulsa y se graba a fuego en nuestra mente y que nos sostiene en los momentos difíciles para seguir adelante. Y ese elemento es “La Visión”.


La visión, ese término tan escuchado en los ámbitos empresariales, es de una importancia superlativa en lo que se refiere a la organización personal. Es por donde empieza la travesía. Es la piedra angular del despliegue que cada uno de nosotros pondrá en juego a lo largo de una ajetreada jornada.

Entiendo que el uso de la palabra "visión" viene de la importancia que tiene el sentido de la vista en el funcionamiento de nuestra mente. Como bien dice el dicho, “una imagen vale más que mil palabras”. La abundante información que proporciona el ojo es procesada por nuestro cerebro el cual puede luego organizar los datos de manera tal que pueda ser asociada con datos, conceptos o estructuras guardados previamente en nuestra memoria y que ofrezcan así un significado de lo observado a nuestra mente.

La visión, en el contexto que estamos discutiendo, se relaciona con nuestros fines. Representa la imagen del resultado deseado, como producto de una de las características que  nos distinguen como seres humanos respecto de los simples mamíferos: la imaginación.

La imaginación es una de las herramientas más poderosas de nuestra especie. Nos permite crear universos enteros completamente libres de nuestras ataduras a las leyes de la física. Y la mente, mas allá de la capacidad de procesar imágenes provenientes de la vista, es a su vez capaz de generarlas provenientes de nuestros procesos internos así como también es capaz de hacernos percibir como reales esas imágenes.

Toda herramienta tiene sus ventajas y desventajas, y nuestra imaginación no está exenta de ellas. Podemos crear mentalmente lo que queramos. Es muy cierto. También podemos crear imágenes de resultados imposibles de alcanzar.

Ahí entran en juego nuestra experiencia y capacidad de raciocinio. Ese material primigenio que proyecta nuestra mente, puede ser moldeado a nuestra voluntad para convertirlo en algo factible e incluso desafiante, pero alcanzable.

Una vez que tenemos la imagen de lo que queremos alcanzar, todo lo que nos queda es ponernos manos a la obra para analizar cómo conseguir el resultado buscado. Pero nadie puede llegar a puerto si no sabe a dónde va.

Así que el punto de partida de nuestro accionar es siempre una visión de lo que esperamos alcanzar. En caso de fracasar no alcanzaremos nuestra meta.

Pero si somos exitosos, los resultados que obtendremos tendrán una relación estrecha con la visión de la que partieron. Si nuestra visión es mediocre, nuestros resultados serán sin duda mediocres. Si nuestra visión es grandiosa y ambiciosa, en caso de tener éxito nuestros resultados serán así de excelentes.

Así que todo plan y todo sistema de organización asociado a él comienza por partir de una visión poderosa. Por poderosa quiero decir  motivadora. Atractiva.  Que impulse a la acción con fuerza determinante. Todas las grandes empresas humanas de la historia han partido de una visión tan poderosa que impulsaron a sus líderes a actuar, así como facilitaron a estos el comunicar esa imagen de manera tal que sus colaboradores los siguieron incondicionalmente.

Podemos tener las mejores herramientas, el mejor entrenamiento y los mejores métodos para actuar. Pero si carecemos de una visión poderosa seremos incapaces de mover las fichas en la dirección correcta y fallaremos la mayoría de las veces. Sin una visión poderosa el tener éxito dependerá mucho más de la suerte y de factores externos fuera de nuestro control que de nosotros.

Es muy común ver gente muy trabajadora e incluso con excelentes habilidades pero que no produce resultados significativos o de  valor ni para sus clientes ni para sí. Puede haber muchas causas para esta carencia de efectividad, pero es muy común observar el origen en una pobre visión, o peor aún, la carencia absoluta de ésta.

Para ser honestos, nadie carece completamente de una visión. En el fondo todos nos movemos sobre la base de una imagen que tenemos formada ya sea por nuestra educación o por el entendimiento general de la sociedad en la que estamos inmersos.




Pero si queremos alcanzar resultados que nos interesan realmente aprovechando al máximo nuestros recursos, tendremos que pasar a un nivel superior dando forma a nuestra imagen de los resultados buscados. Y ese es un esfuerzo que no todos están dispuestos a realizar. 

Lamentablemente no hay atajo para este proceso. Si queremos movernos con destreza y agilidad en el vertiginoso mundo moderno no podremos mantener en una nebulosa mental aquello que queremos obtener. Necesitaremos nuestra visión a mano y en claro todo el tiempo, para que nuestra atención pueda volcarse completamente en realizar aquellas acciones que nos conduzcan directo hacia ella.


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