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Agenda y Tarjetas de Credito

¿Se te pasan las fechas de vencimiento de tus tarjetas de crédito y no sabes cómo evitarlo? ¿Quieres dejar de pagar intereses por ésta tontería? Para ese tipo de cosas está tu agenda…


En el mundo moderno es muy común tener más de un banco y, por supuesto, más de una tarjeta de crédito. Sin llegar a pensar en los casos extremos de personas que terminan teniendo demasiados compromisos financieros (a veces por una mala política de gastos), el manejar mal los vencimientos de las deudas no es un tema sin consecuencias, sino que puede provocarte dolorosos e improductivos gastos en intereses. En los casos más extremos puede incluso impedirte el acceso al crédito por tener un mal historial de pago.

Hay gente que tiene por costumbre no prestarle atención a estas cosas, ya sea por mala actitud hacia sus acreedores o por una precaria administración financiera. En este blog vamos a dedicar unas palabras sólo para aquellos a quienes esto les pasa por tener una abrumadora ola de compromisos y no quieren pagar costos innecesarios.


Las fechas clave

Todos los compromisos financieros tienen en común la existencia de una fecha importante, que es la fecha de vencimiento del pago. En todo caso puede haber muchos vencimientos con cierta regularidad, aunque las reglas son las mismas sólo que recurrentes cada cierto tiempo.

Las tarjetas de crédito se distinguen de otros compromisos financieros en que no tienen una sola fecha importante a tener en cuenta.


Tienen dos fechas de características marcadamente diferentes:

a)    Fecha de CIERRE

b)    Fecha de VENCIMIENTO

Tal vez algunos no le presten atención a la fecha de cierre, más allá de saber que a partir del día siguiente pueden empezar a gastar para pagar a cuenta del siguiente ciclo de facturación y “patear para más adelante” ese pago, como suele decirse.

Además de lo obvio, la fecha de cierre te ofrece una alerta temprana de lo que tendrás que abonar en pocos días, normalmente en el orden de una semana a diez días. No es un tema a ignorar para administrarte bien en lo financiero.

El principal problema de que se te pase una fecha de vencimiento es que puedes tener tu cabeza en otras cosas, seguramente muy importantes también. Tener la información del cierre produce el llamado de atención necesario para organizarte en los próximos días. Te permitirá evaluar si cuentas con los recursos para el pago, y en caso contrario disponer de un tiempo, limitado, para hacerte del dinero.

Así que para organizarte bien con el pago de las tarjetas de crédito, la clave es administrar las dos fechas, no sólo una.


¿Y cómo lo calzo en la agenda?

Dejemos de lado a quienes no anotan nunca nada. Lo más probable es que tengan una memoria de elefante y/o padezcan de mucho stress.

Para aquellos que gustan de usar su agenda, ya sea una agenda de papel o una agenda  electrónica y tener sus compromisos en orden, aquí van algunas recomendaciones:

·         Calendario:

Si bien es posible usar el calendario, éste método tiene un inconveniente básico. El cierre o el pago de las tarjetas no tiene un horario específico. Es cierto que puedes tomar los horarios de cierre de operaciones bancarias, o la hora de entrega de la facturación, pero eso son instantes, no un “lapso de tiempo obligatorio” para la acción. Por supuesto, siempre basándote en el criterio que utilizamos aquí que es el de “usar el calendario sólo para los compromisos fijos” con horarios de inicio y fin predefinidos”. 


·         Lista de Tareas: 

Aquí puedes aprovechar al máximo la flexibilidad de la lista de tareas. Puedes jugar con las fechas de vencimiento de una tarea, y con las prioridades.
No recomiendo empezar por usar las alarmas de las tareas por un motivo sencillo. Son para llamar la atención en un instante concreto. Producen lo que su nombre claramente indica: “alarma”. Es un llamado de atención de una intensidad superior e innecesaria, porque esto lo puedes manejar de manera adecuada sin necesidad de llegar a “alarmarte”, porque a menos que estén por cerrar las operaciones bancarias existe un largo período de tiempo que puedes administrar para hacer el pago.


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Duro con el problema, suave con las personas


Solemos olvidarnos que negociamos todo el tiempo. Cada una de esas interacciones en las cuales se te pide algo o tú exiges algún resultado son como “momentos de la verdad” ...


Es en esos momentos donde se define por un lado el curso de lo que estás haciendo y por el otro el clima interpersonal cotidiano en que te estarás desenvolviendo.

A Negociar...

La negociación es un proceso en el cual dos o más interlocutores intentan alcanzar un acuerdo que satisfaga sus intereses y en el que cualquiera de las partes tiene la posibilidad de "decir que no".

En los ámbitos cotidianos como el trabajo o el hogar es común olvidarse lo importantes que son las habilidades de negociación, especialmente si no se trata de una de esos casos en que son planificadas como indican los buenos manuales:  escuchando con atención para entender los intereses de la otra parte, comunicando los propios y ofreciendo alternativas de mutuo beneficio.

Lo que no suele ocurrir es que las personas entiendan y asimilen la idea de que en realidad la negociación es un proceso cotidiano. A menos que vivan como ermitaños aislados en una montaña.

Uno de las recomendaciones más difundidas del arte de la negociación es el de evitar la personalización del problema. Enfocarse en la solución del conflicto, y no en los actores. 

En su reconocida obra “Sí, de acuerdo” de Fisher, Ury y Patton, los autores recomiendan enfáticamente “separar a las personas del problema”.


En esta línea de trabajo, una frase muy reconocida que lo resume bien y, a mi modo de ver, aplica aún mejor a nuestra problemática de productividad personal es:

“Duro con el problema, suave con las personas”


Permíteme explicar porqué creo que esto es de suma importancia para nuestra organización y productividad personal.

No personalices...

Siendo un hecho el que debamos interactuar con otros para hacer una tarea, el establecer las condiciones de realización de la misma es en los hechos una negociación en la cual se ponen en juego los intereses de ambas partes. Ya sea un cliente, un compañero de trabajo, un familiar o un amigo, cada uno presionará para obtener su propio resultado. Y nosotros haremos lo mismo.

La costumbre de personalizar los problemas es comprensible, porque somos humanos y asociamos rápidamente el inconveniente con la persona que lo plantea, con independencia de si tiene razón o no. Esto es una traba de mayor o menor nivel a nuestra capacidad de comprensión del escenario.

Lo que no debe ocurrir es que por ser suave con tu interlocutor y evitar el conflicto, el problema no sea tratado. Aquí es donde me desvío un poco del asunto de llegar a un acuerdo para caer más en el ámbito de la productividad.

Un problema no tratado, una decisión no tomada, significa “siempre” consecuencias no deseadas. Estas pueden impactarte en el corto plazo o en el largo, pero si por evitar el conflicto no tomas una decisión, como suele decirse, "tomas la peor decisión…"

Así que los problemas deben ser enfrentados. Puedes elegir el momento y el lugar, cuidar las formas y encontrar la mejor manera de tratarlos. Pero no hay peor actitud para obtener resultados y alcanzar objetivos que no tomar decisiones. Y las decisiones no podrás tomarlas si no enfrentas los problemas o los discutes abiertamente.

Crea un buen clima a tu alrededor

Crear el clima para este tipo de discusión franca, respetuosa y fuertemente interactiva no es necesariamente sencillo. Muchas veces requiere paciencia, saber cuándo contar hasta diez o simplemente tomarse el tiempo y la disciplina de pensar antes de hablar, sólo por mencionar algunas de las habilidades clave.

Para lograrlo de manera sostenida, lo mejor es asimilar buenos hábitos. Y entre los muchos que uno puede mencionar, como ser la buena educación, las maneras, el respeto por el interlocutor y el saber escuchar con atención, creo que el tomarse la costumbre de “despersonalizar los problemas" es uno de los de mayor impacto.



Esto tienes que hacerlo de manera inconsciente, porque en la vorágine diaria no tendrás el tiempo de pensar demasiado en detalles. Tendrás que hacerlo carne en tu  estilo de comunicación, y que te sea tan automático como el respirar. Porque detrás de la primera interacción en la que conviertas en personal el problema en pocos minutos podrás tener una nueva interacción en la cual el problema escalará aún con mayor velocidad.

Por supuesto, el convertir en hábito la frase “duro con el problema, suave con las personas” tiene muchos otros beneficios secundarios, pero que también nos interesan. 

Reduce el stress por ejemplo. Y sí; mejorar el clima social en tu entorno tiene un impacto significativo en tu calidad de vida, sobre todo si encima consigues los resultados que te propones.


En Resumen

Despersonaliza los problemas. Separa las personas del problema. Se duro con el problema y suave con las personas. Repítelo una y otra vez. Hazlo tan automático como el respirar y toma las decisiones que debas tomar...

  

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¿Agenda Electrónica o en Papel?

¿No sabes si invertir en una agenda electrónica o seguir con la de papel? Hay ventajas y desventajas en ambos casos...
La Raíz del Problema
Cuando uno trata de ver cómo se organiza, ésta decisión suele terminar influenciada por cuestiones económicas y hasta generacionales que van desde la más sencilla que es trabajar sobre papel, hasta las más elaboradas y costosas como un Microsoft Outlook sincronizado con un Smartphone y hasta con una Tablet.

Como regla general, soy partidario de inclinarse por “aquello que funcione”. Y punto!

Desde el estricto punto de vista de nuestra organización personal, si una simple agenda en papel resuelve el problema, no parece razonable gastar nuestro valioso dinero en un artefacto que encima hay que aprender a usar.

El conflicto viene cuando algo produce un cambio y nuestra forma de organizarnos se empieza a estrellar contra una nueva realidad. Cuando lo que hacemos deja de funcionar hay que adaptarse, y a veces esto nos lleva a pensar en usar algo "más elaborado”, por así decirlo.


Comienza mi derrotero

A lo largo de los años fui pasando por distintas etapas. Reconozco que la agenda de papel cubrió mis necesidades durante un cierto tiempo, pero el tener que andar pasando teléfonos de una agenda a otra cada nuevo año me resultaba una verdadera molestia. Sobre todo con esas agendas chicas que buscaba al principio para poner en el bolsillo del saco. 


Para aquellas personas que podían usar agendas con anillas que permiten apertura y cambio de hojas, éste por supuesto no era un problema.

Una de las cosas que me suelen decir quienes adoran las agendas en papel es el placer que les da tachar una actividad realizada y ver todas las que eliminaron al final del día. Un auto-regocijo que comprendo y hasta comparto, pero que a mí no me alcanza para volver al formato físico.


Para mí la agenda electrónica da un nivel de flexibilidad que no tiene punto de comparación. Por ejemplo con el manejo de los contactos, de lo único que uno debe preocuparse es de mantener actualizados los datos. Cuando empecé a usar mi primera agenda electrónica Casio, allá por mediados de la década del 90, esto fue un gran avance.

Cuando en 1998 empecé a usar una Palm III, la posibilidad de escribir con el sistema graffiti hizo que mi control de la agenda mejorara considerablemente. La única salvedad es que la escritura, a pesar de estar muy simplificada por hacerla a mano, me siguió conviniendo sobre la versión de software para computadora, el Palm Desktop. Si era muy necesario escribía en el dispositivo de bolsillo, pero por lo general con la PC me alcanzaba y sobraba.

Así seguí por años con las diferentes versiones de Palm que pasaron por mis manos. La última hasta me permitía sacar fotos y escuchar música, lo cual me liberaba de tener que comprarme un dispositivo adicional como el mp3. Ya tenía suficientes artefactos encima, y andar a lo Dilbert por la vida tampoco me entusiasma.

Pero es muy cierto que andar por la vida con un celular y una agenda electrónica por separado no era muy práctico. Por ejemplo para llamar a alguien tenía que buscar el número de teléfono para luego marcarlo en el teléfono móvil. A dos manos…


Y se hizo la luz

Temporalmente resolví el problema de los dos aparatos usando Bluetooth entre ambos, pero finalmente cuando en la empresa me asignaron un Blackberry, la evolución hacia el Smartphone se volvió "natural".

Simplemente escribo el nombre o el de la empresa, elijo el número telefónico y listo. Es un cambio enorme y parece mentira, pero cuando uno tiene que estar todo el día hablando telefónicamente con muchas personas esta simplificación tiene un enorme impacto. Si es en la calle más aún.

La otra gran ventaja que me trajo el Smartphone fue la sincronía con la carpeta de Microsoft Outlook, un estándar de mercado en el mundo corporativo. De repente el calendario tenía mucho sentido pasarlo a esta aplicación que hasta ese momento me resistía a usar. Es más, era de indudable valor el manejo inmediato de zonas horarias en las citas para conferencias telefónicas con otros países. Cuando uno trabaja con dos, tres o cuatro países simultáneamente, cada uno en una zona horaria diferente, créanme que esto es una “enorme” ventaja.

Se me seguían resistiendo las “tareas”. Tenía mi manejo de éstas aún en un software para Palm que apreciaba mucho: el Agenduz. Este me permitía usar el modelo  por cuadrantes basados en  “Urgente/Importante” que describe Stephen Covey en su excelente libro: 


Cuando recibí un curso sobre el uso de Outlook y me explicaron el manejo de tareas, citas, mensajes y contactos integrado en la misma plataforma tuve que dejar de resistirme a lo evidente.

Conclusión

Tenía en mis manos una plataforma demasiado poderosa que estaba desperdiciando miserablemente. Terminé de migrar a Outlook para potenciar aún más mi Smartphone aún pagando algunos costos sobre hábitos que tenía muy arraigados. Toda la inversión en tiempo que hice valió la pena y la verdad es que volvió con creces.

Desde entonces sigo muy bien organizado con mi Agenda Electrónica. Y difícilmente me puedan convencer algún día de volver al papel ...


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¿Puede ser Urgente pero No Importante?


La decisión de ejecutar o no una determinada tarea requiere que meditemos aunque sea de manera muy rápida sobre la conveniencia o no de hacerla. Sus niveles de urgencia e importancia son variables que podemos usar para realizar la elección. Ahora, si algo es urgente, ¿puede no ser importante?


De las técnicas para discriminar aquello que nos conviene hacer, una de las más reconocidas es la de asignar prioridades a cada una de las tareas y luego empezar por las más importantes siguiendo hacia las que lo son menos.

Algunas Maneras de Priorizar

He visto muchas formas de hacer esto, desde una asignación básica por “Alta/Media/Baja” (o 1/2/3), pasando por un incremento moderado de las prioridades por ejemplo hasta cinco (las antiguas agendas Palm permitían hacer esto), hasta listados con prioridades ilimitadas, donde uno ordena un listado asignando un número de prioridad a cada tarea en forma correlativa. Este último, con un modelo de listado de tareas de tipo GTD que crece exponencialmente con cosas por hacer, no me parece en lo personal un modelo de trabajo escalable.

Desde que leí “Los 7 Hábitos de la Gente AltamenteEfectiva” de Stephen Covey, adopté el criterio de analizar cada tarea bajo la conocida matriz de Urgencia e Importancia. Incluso llegué al punto de comprarme un software con el cual implementé precisamente esa matriz. El sistema resultó muy útil en muchos aspectos y fue realmente un salto de calidad en mi proceso de toma de decisiones.



El Conflicto entre lo "Urgente" y lo "Importante"

No obstante, siempre me quedaron algunos puntos grises con relación a la forma de implementación de la matriz. Cuando uno la aplica en el trabajo cotidiano, asignar la urgencia y la importancia de cada tarea no es un asunto menor. Entra a jugar la valoración personal. Y está bien que así sea, porque precisamente el uso de nuestro criterio individual es el único que nos permite asociar cada tarea con nuestros valores y objetivos. Así es como los alineamos.

Pero muchas veces se necesitan criterios objetivos para tomar esas decisiones. Cuando digo “objetivos” me refiero a que tengan algún carácter concreto, de manera tal que se minimicen las áreas grises. De no hacerlo, frecuentemente nos ocurrirá que asignaremos ciertas tareas a los cuadrantes equivocados, lo cual repercutirá en la ejecución de esa tarea y en la de las otras que compiten con ella por nuestro foco de atención.

Covey lo trata como que son aquellas tareas que las personas altamente efectivas “dejan ahogarse por inanición”. Y esto es precisamente así. A diario terminan en mis manos tareas que sé positivamente que no conducirán a nada, pero no puedo “no considerarlas” por cuestiones de diversa índole. En mi radar deben estar disponibles en caso que mi interpretación esté errada o que ocurra, como muchas veces, un cambio efectivo en la relevancia de la tarea. Antes no era importante y ahora pasó a serlo (es más frecuente de lo que uno creería).

El problema del III Cuadrante de la Matriz

El caso no tan claro es cuando hablamos de tareas “Urgentes” pero “No Importantes”. Este es un caso, el cuadrante III de la matriz, que sinceramente me ha traído bastantes problemas para administrarlo. La común  es que uno se concentra en el cuadrante I (Urgente/Importante) y luego pasa al cuadrante II (No Urgente/Importante). ¿Por qué? Por la sencilla razón de haberle asignado importancia "baja". Si no tiene importancia nuestra mente dice rápidamente “¿qué importa que sea urgente?, ¡vamos a lo importante!”

Cuando se entra en esa trampa, esas cosas empiezan a quedar tan colgadas como las que incluimos en el cuadrante IV (No Urgente/No Importante).




En esencia, la manera de que no queden pendientes las tareas urgentes es o ponerlas en el primer cuadrante o mandarlas "a la bolsa de gatos".

Resultado: el cuadrante III (Urgente/No Importante) deja de usarse. Y era lo que me pasaba precisamente. Era lo mismo que no tenerlo.

Si lo miramos desde otro ángulo, terminamos con tres (3) prioridades.

Alta: Quedó exclusivamente asociada al concepto de URGENCIA, integrando lo que Covey muestra como cuadrantes I y III

Normal: Las actividades del Cuadrante II. No son Urgentes pero es Importante hacerlas

Baja: No son Urgentes ni tampoco es Importante hacerlas.

Así encima se simplifica el análisis y la toma de decisiones. En vez de lidiar con cuatro categorías resuelvo mi asignación con sólo tres.

Si te pones a pensarlo con detenimiento, tiene su sentido. Si algo lo catalogamos de urgente, es porque tiene intrínsecamente un grado de importancia. Si no fuera así no tendría ningún objeto poner esfuerzo en realizarla y podríamos dejarla colgada.

En Resumen

Es cierto que muchas cosas son urgentes y su importancia es menor a otras cosas que tenemos en nuestra lista, pero si le asignamos la etiqueta de “Urgente” eso le cuelga simultáneamente la de "Importante". Hay que hacerla, y seguramente debe ser hecha antes que las tareas más relevantes o de mayor impacto en el largo plazo. Lo mejor es poner manos a la obra, sacárnosla de encima rápido de la mejor manera posible y pasar al siguiente nivel de prioridad, donde nos podremos enfocar con tranquilidad en las actividades más redituables.

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