jueves, 28 de junio de 2012

El valor intangible de una buena organización

Si bien el valor de la buena organización y una elevada productividad personal pueden ser medidos de manera concreta, también existen beneficios intangibles de su aplicación que son innegables. Hay momentos especiales en tu vida que te hacen ver esta realidad de la manera más cruda.
La verdad es que esta nota es una que tal vez hubiera preferido no escribir, pero como uno de los objetivos de este blog es compartir experiencias, creo que vale la pena hacerlo.


Los Beneficios Tangibles de una Buena Organización

Hay una gran cantidad de beneficios que puedes considerar cuando evalúas la conveniencia de aplicar técnicas de organización y productividad personal. Algunos muy obvios, relacionados con la metodología para el día a día, las herramientas que usas, o el marco de trabajo para asegurar que tu sistema de organización no te haga perder consistencia. El alcanzar tus metas y el incremento en tu capacidad de hacer más cosas en el mismo tiempo físico que siempre has tenido forman parte de ese conjunto.

Otros beneficios, quizás no son tan obvios pero resultan de tanto o más valor que los primeros cuando los evalúas bajo ciertas circunstancias. Es a estos aspectos a los que me quiero referir aquí.

La Anécdota

Hace un tiempo pasé por la traumática experiencia de un accidente de tránsito de cierta gravedad. Gracias a Dios salí ileso. Por suerte viajaba sólo y nadie salió lastimado más allá de haberme llevado algunos pocos golpes sin mayor importancia. Pero el auto, no sirvió más…




De golpe, una serie de valores intangibles no considerados en mi forma de organizarme empezaron a surgir espontáneamente. Criterios que tienes internalizados desde hace mucho tiempo como el ser ordenado, flexible y previsor tuvieron un impacto significativo en mitigar las consecuencias negativas de éste accidente, controlando los riesgos y minimizando los impactos físicos, económicos y emocionales de un evento fortuito y desafortunado.

Empezando por la elección del automóvil hace algunos años. Cuando tuve que decidir cuál comprar tuve la visión de comprar un auto de mucha confiabilidad que no me produjera dolores de cabeza relacionados con su mantenimiento. Y además (gracias a Dios), tomé la sabia decisión de invertir unos pocos pesos más en comprar una unidad con mayores prestaciones de seguridad tales como frenos ABS, airbags, y distribución electrónica de frenado. Consideré que valía la pena, especialmente teniendo en cuenta que en ese vehículo iba a transportar también a mi familia.

Me incliné en ese momento por un Toyota Corolla XEi  y  tal vez esa elección sea la razón por la cual estoy en este momento pudiendo compartir con ustedes esta experiencia por este medio. Los dispositivos de seguridad y protección que tuvieron que intervenir lo hicieron según lo esperado. Más allá del hecho de no tener sorpresas mecánicas que me lo sacaran de servicio durante todo este tiempo.

¿Cómo medir económicamente el valor de vivir? ¿O cómo medir el valor de no terminar hospitalizado con varios huesos rotos o incluso el hecho de estar en una pieza? ¿Cómo estimar el impacto profundo en la vida de mis hijas, mi esposa, mis padres, mi hermano o mis amigos?

Otras decisiones relacionadas con la organización tuvieron que ver con aspectos como el financiero. Al elegir el seguro de cobertura, seguí un consejo previsor que me había dado un amigo hace mucho. Elegí una cobertura total con una franquicia para reducir la cuota mensual, en vez de la clásica cobertura que se suele elegir contra daños a terceros.

El racional fue que en caso de una situación extrema, podía manejar económicamente el valor de la franquicia, pero recuperar el valor de un auto perdido podía tomarme años. También tuve que considerar la elección de una empresa de seguros solvente, porque de nada me sirve elegir la mejor cobertura si la compañía que la ofrece corre el riesgo de no poder responder en caso de siniestro.

Gracias a Dios no he tenido que recurrir mucho a la empresa de seguros. Este es el primer (y espero que único) accidente de envergadura que experimento en muchos años de manejo. Y no crean que no he tenido la tentación de bajar el costo del seguro reduciendo el nivel de cobertura justamente debido a mi baja siniestralidad. Decidí no hacerlo, y gracias a eso tuve la posibilidad de recuperar mi movilidad en mi amada Buenos Aires con rapidez.

El hecho de estar sin auto no me trajo pocos trastornos. Si, ya sé. Comparado con la vida y la salud no son nada. Pero ya en tren de volver a la normalidad debes mirar para adelante y seguir tomando decisiones. El no poder disponer del auto me quitó no menos de una hora de mi vida diaria sólo por viajar en medios públicos. 

La flexibilidad siempre presente

Mi sistema de organización personal de paso sirvió como esquema de contención. Reorganicé rápidamente mis actividades en función de los recursos disponibles (un auto menos), tuve que dedicar tiempo a trámites con la empresa de seguros (algo no previsto la semana anterior) y lograr cerrar la organización de un evento comercial que debía poner a funcionar durante todo un día, a la vez que mantener la continuidad en el seguimiento de todos mis proyectos.  La flexibilidad incorporada a mi sistema de organización me permitió controlar la situación.

Nuevamente terminé reafirmando el concepto en la práctica: 



La rueda no se detuvo. Sencillamente se adaptó al nuevo escenario de trabajo y continuó girando. Si no hubiera sido así, los dolores de cabeza hubieran sido de una escala muy superior para mí, para mis afectos  y para quienes trabajan conmigo.

En esencia el mensaje es: ser organizado y eficiente “paga”. Incluso para poder convivir con un grado inevitable (y a veces hasta saludable) de desorden, tener al día y bajo control las cosas que están en tus manos hace una gran diferencia en tu vida. Es un intangible, como el valor de una marca.

En Resumen

Nadie quiere ni planifica los accidentes, pero puedes mantener hábitos y criterios saludables de organización y productividad que te permitan reaccionar eficazmente ante una eventualidad. Tu vida profesional y personal seguramente te lo agradecerán (¡especialmente la personal!).

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