jueves, 17 de mayo de 2012

Pensar antes de Actuar

A diario nos  enfrentamos a situaciones que nos sacan de nuestro plan, y por lo imprevistas muchas veces tendemos a “reaccionar” para contener la situación en vez de detenernos unos segundos para pensar mejor dónde estamos parados y recién después actuar.



Se puede trabajar de muchas formas. Una de esas maneras, la más elemental por cierto, es trabajar “a demanda” o como también se le conoce, en modo reactivo. El estilo reactivo de hacer las cosas parece muy útil porque otorga un aura de “fuerte actitud trabajadora” a la vez que nos permite quedar bien con todo el mundo cada vez que nos piden algo. Ser solícito con todos los pedidos “paga” desde el punto de vista político. Por supuesto, esto es hasta que no podemos cumplir más con nuestros compromisos o la realidad nos muestre que no podemos obtener lo que esperamos de esa manera.


La otra forma de operar es bajo las guías de un plan, aunque éste sea básico. De esta manera trabajamos de manera más ordenada y avanzamos en una dirección determinada hacia nuestros objetivos. Sólo que de vez en cuando es inevitable que se nos interrumpa y se nos pida que hagamos alguna otra cosa. O sencillamente surge un imprevisto que reviste el pre-supuesto carácter de “urgente” y como tal ponemos manos a la obra para evitar que se nos desborde la situación.

No quiero decir aquí que la actitud de sacarse el tema de encima rápido no sea valiosa. Muy por el contrario, soy un firme creyente en la actitud de “Cerrar Pendientes” o atajarlos antes de que se conviertan en uno.

Ahora bien, si se trata de apenas un par de minutos tal vez sea lo mejor liquidar el tema inmediatamente porque evitará una sobrecarga posterior.

Pero muchas veces el tema merece que uno se detenga apenas unos segundos a pensar, tomar un poco de distancia y re-evaluar la situación.
Tal vez el nuevo escenario merezca que se deje todo y uno se ponga a actuar inmediatamente, en cuyo caso negarse sería poco inteligente.
O tal vez lo mejor sea incorporar el nuevo tema a nuestro sistema de organización, ya sea directamente en nuestra agenda o a través de una bandeja general de entradas y no interrumpir abruptamente nuestra actividad actual que puede por cierto ser lo suficientemente relevante.



Esos pocos segundos en los cuales nos tomamos el trabajo de pensar antes de actuar pueden hacer toda la diferencia entre un día bien aprovechado y uno que no lo es. Porque de esos segundos depende una evaluación y subsiguiente ponderación de los pros y contras de los cursos de acción posibles, y como consecuencia una mejora en el control de nuestro tiempo.

Si lo pensamos detenidamente, son realmente pocas las situaciones bajo las cuales es necesaria una intervención intempestiva que no de tiempo ni siquiera a pensar unos breves instantes. Si incorporamos esto como hábito a nuestra manera de trabajar, lograremos hacer un uso racional de nuestro siempre escaso recurso: el tiempo.

Son sólo unos segundos, pero para todos aquellos que creemos que el tiempo es oro, los segundos donde pensamos antes de actuar representan dinero sabiamente invertido.

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