jueves, 10 de mayo de 2012

Deseo de Alcanzar los Objetivos


Si tuviera que elegir de entre las muchas actitudes necesarias para ser más productivo cuál de todas ellas es la más importante, ésta sería por lejos “el deseo ferviente por alcanzar los objetivos”. Todas las actitudes son importantes, pero la motivación para alcanzar la meta es sin dudas aquella de la que menos podemos prescindir.


  


Cuando pensamos en las actitudes necesarias para ser más productivos podemos considerar aspectos relacionados con la parte cotidiana del asunto, tales como la obsesión por cerrar temas pendientes, el rechazo visceral a la pérdida de tiempo y el tratar de mejorar permanentemente nuestra manera de trabajar entre otras. 

 

Pero de todas las actitudes que podemos enumerar, considero que la más importante por lejos es una gran pasión o deseo ferviente por alcanzar los objetivos.

Uno puede tomarse el trabajo de elaborar complejas metodologías de organización y sostener férreas disciplinas diarias, pero sin el impulso vital hacia la obtención de nuestros objetivos todas esas herramientas carecerían de la energía necesaria para ponerlas en marcha.

Podemos tener una gran visión, una excelente misión, y el más sólido plan. Sin las ganas de llegar a la meta, serán documentos huecos sin significado alguno.

Es un hecho que es de suma importancia armonizar el conjunto. Por ejemplo, si le ponemos mucha voluntad a un trabajo, si siendo éste muy complejo no lo habíamos planificado bien estaremos cayendo con mucha probabilidad en un esfuerzo estéril. Sin embargo, muchas veces la mera fuerza de voluntad logra alcanzar objetivos de una manera tal que una planificación y meticulosidad excesivas no podrían reemplazar.

Aquí volvemos a la vieja idea de ¿por qué me organizo? En el fondo lo que busco es alcanzar mis metas, y de ser posible quitar del camino todo aquello que no esté alineado con ellas. Si mis metas y todo lo que genero como herramientas para alcanzarlas están hechos de manera inteligente, me motivarán lo suficiente como para impulsar mis acciones y corregir cualquier error que pudiera cometer en el camino, porque tendré claro hacia donde voy y porqué. El desarrollar  metas lo suficientemente motivadoras es por obvia consecuencia una actividad de relevancia dentro de mi sistema de organización.

Podríamos caer en la tentación de emparentar ésta actitud con la de “cumplir la tarea”. Se le parece bastante, especialmente cuando la tarea cumplida coincide con la meta. Pero rara vez ocurre esto, porque por lo general las visiones que nos motivan suelen ser el resultado de proyectos que tienen un proceso más o menos elaborado para ser completados, mientras que las tareas son pasos intermedios que me tendrían que llevar una vez realizados al cumplimiento del objetivo.

Si la tarea que tengo terminar está alineada con mi visión y misión, seguramente podré poner mi empeño con mayor determinación. Mi deseo ferviente por alcanzar mis objetivos me impulsará con fuerzas a completarla porque una vez hecha me habrá acercado un poco más a mi visión.

Si en cambio la tarea es una de esas que tengo que hacerla porque no me queda más remedio, ya sea por obligación o porque sencillamente no puedo decir que no, la actitud es más bien la de “tengo que sacarme de encima esto cuanto antes”. Y no digo que no sea importante ésta última, pero no es la que me hace sentirme más productivo, sino todo lo contrario. Me deja el sabor amargo de haber perdido mi tiempo, porque tenía cosas más importantes que hacer.

Lo que en el fondo creo que no debemos perder de vista es que nos sentiremos productivos si alcanzamos nuestros objetivos en los tiempos previstos o incluso antes. Si todo lo que hacemos es trabajar sin parar sobre tareas que no nos llevan hacia la meta, habremos hecho muchas cosas por cierto, pero al final del día no le importarán a nadie. Y peor aún, no nos importarán a nosotros.

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